Palpitaciones, presión en el pecho, sensación de falta de aire, mareo, molestias digestivas, tensión muscular, temblor…
Según la Organización Mundial de la Salud, la ansiedad no se experimenta únicamente como preocupación o miedo. En algunas personas, de hecho, los síntomas físicos de ansiedad son mucho más evidentes que los pensamientos ansiosos.
Esto puede resultar especialmente desconcertante cuando las sensaciones aparecen sin que la persona se sienta conscientemente nerviosa.
“Pero si yo no estaba pensando en nada.”
Es una frase muy habitual. Y tiene sentido: para que nuestro organismo active una respuesta de ansiedad no necesitamos estar pensando de forma consciente “estoy en peligro”.
¿Por qué la ansiedad produce síntomas físicos?
La ansiedad forma parte de un sistema normal de respuesta ante situaciones que nuestro organismo interpreta como amenazantes o relevantes.
Cuando este sistema se activa, se producen cambios destinados a prepararnos para responder.
Aumenta la activación del sistema nervioso autónomo, cambia la respiración, aumenta la frecuencia cardiaca, se modifica la tensión muscular y también puede alterarse el funcionamiento digestivo.
Estas respuestas son útiles cuando realmente necesitamos reaccionar ante una amenaza.
El problema aparece cuando el sistema de alarma se activa con demasiada intensidad, demasiada frecuencia o en situaciones en las que no existe un peligro real inmediato.
Entonces empezamos a percibir las propias respuestas corporales como síntomas.
¿Cuáles son los síntomas físicos de ansiedad más frecuentes?
La ansiedad puede expresarse de maneras muy diferentes.
Entre los síntomas físicos de ansiedad pueden aparecer:
- Palpitaciones o percepción intensa de los latidos;
- Sensación de presión u opresión torácica;
- Respiración rápida o sensación de no conseguir llenar completamente los pulmones;
- Mareo o sensación de inestabilidad;
- Temblor;
- Sudoración;
- Tensión muscular;
- Cefalea;
- Sensación de nudo en la garganta;
- Sequedad de boca;
- Náuseas o molestias abdominales;
- Diarrea o aumento de la necesidad de ir al baño;
- Hormigueos;
- Sensación de calor o escalofríos.
No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.
Y algo especialmente importante: ninguno de estos síntomas es exclusivo de la ansiedad.
“Si es ansiedad, ¿por qué lo noto tan real?”
Porque es real, que un síntoma tenga relación con la ansiedad no significa que sea imaginario: el aumento de la frecuencia cardiaca es real. La tensión muscular es real. Los cambios respiratorios y digestivos también lo son.
Lo que cambia es el mecanismo que los está produciendo.
Esta distinción es importante porque decir simplemente “no tienes nada, son nervios” suele ser poco útil y, además, puede hacer que la persona sienta que sus síntomas están siendo minimizados.
Comprender el mecanismo permite abordarlos de otra manera.
La respiración puede explicar algunas sensaciones extrañas
Cuando estamos activados podemos respirar más rápido o más profundamente de lo necesario, incluso sin darnos cuenta.
Esto puede modificar temporalmente el equilibrio entre oxígeno y dióxido de carbono y producir sensaciones como mareo, hormigueo, sensación de irrealidad, presión torácica o dificultad subjetiva para respirar.
La experiencia puede resultar paradójica: cuanto más siente la persona que “le falta aire”, más intenta respirar, y esa respiración excesiva puede intensificar algunas sensaciones.
No significa que toda sensación de falta de aire sea ansiedad.
Pero ayuda a entender por qué, durante determinadas crisis, una persona puede sentir una intensa dificultad respiratoria aunque su oxigenación sea normal.
Cuando empezamos a vigilar el cuerpo
Después de experimentar un síntoma que nos asusta es normal prestarle más atención.
El problema es que esa vigilancia puede convertirse en parte del círculo: notamos una pequeña variación del ritmo cardiaco, pensamos: “¿Qué ha sido eso?», prestamos más atención al corazón y la preocupación aumenta la activación, así que el corazón late con mayor intensidad y eso parece confirmar que efectivamente estaba ocurriendo algo peligroso.
Este mecanismo puede aparecer con el pulso, la respiración, el mareo, las sensaciones digestivas o prácticamente cualquier señal corporal.
No se trata de que la persona “se invente” el síntoma. La interpretación de la sensación puede aumentar la propia respuesta fisiológica que estamos observando.
¿Qué diferencia hay entre ansiedad y un ataque de pánico?
La ansiedad puede mantenerse de forma relativamente constante durante horas, días o periodos más prolongados.
Un ataque de pánico, en cambio, consiste en una aparición brusca de miedo o malestar intenso acompañada de síntomas físicos y cognitivos que aumentan rápidamente.
Durante una crisis pueden aparecer palpitaciones, dificultad para respirar, temblor, mareo, opresión torácica o sensación de perder el control.
Precisamente por la intensidad de los síntomas, algunas personas acuden por primera vez a urgencias convencidas de estar sufriendo un problema médico grave.
Después de una primera crisis puede aparecer además otro problema: el miedo a que vuelva a ocurrir.
La persona empieza a vigilar sus sensaciones, evitar determinados lugares o modificar actividades por temor a experimentar otra crisis.
¿Cómo sé si un síntoma físico es ansiedad?
Esta es probablemente la pregunta más importante del artículo.
Y la respuesta es: no siempre podemos saberlo por nuestra cuenta. ¿Cuándo es necesario acudir a un psiquiatra?
Síntomas como dolor torácico, palpitaciones, mareo, dificultad respiratoria, fatiga o molestias digestivas pueden aparecer por ansiedad, pero también por numerosos problemas médicos.
Por eso no es adecuado asumir automáticamente que un síntoma nuevo es psicológico simplemente porque una persona tenga antecedentes de ansiedad.
Hay momentos de especial vulnerabilidad, en los que es necesario la ayuda de un psiquiatra. La valoración dependerá del tipo de síntoma, su intensidad, cómo ha comenzado, los antecedentes médicos, la edad y otros factores de riesgo.
Una vez descartadas razonablemente otras causas cuando sea necesario, la presencia de un patrón repetitivo relacionado con situaciones de activación, preocupación o miedo puede orientar hacia un componente ansioso.
“Me han hecho pruebas y está todo bien, pero yo sigo encontrándome mal”
Que las pruebas médicas sean normales puede ser tranquilizador, pero no siempre hace desaparecer los síntomas.
Si el mecanismo que los mantiene es la ansiedad, repetir continuamente exploraciones médicas puede incluso convertirse en una forma de buscar tranquilidad temporal.
Durante unas horas o unos días la persona se siente segura.
Después aparece una nueva sensación y vuelve la duda:
“¿Y si esta vez sí es algo?”
Cuando existe este patrón, el objetivo ya no debería ser únicamente demostrar una y otra vez que no existe una enfermedad física.
También es necesario trabajar la relación con las sensaciones corporales, la interpretación que hacemos de ellas y el sistema de alarma que las acompaña.
¿Cómo se tratan los síntomas físicos de ansiedad?
El tratamiento depende del problema que los esté produciendo y de su intensidad.
La psicoterapia puede ayudar a comprender los mecanismos que mantienen la ansiedad, modificar determinadas interpretaciones, reducir conductas de evitación y aprender a responder de manera diferente ante las sensaciones corporales.
En algunos casos también puede estar indicado tratamiento farmacológico.
La decisión depende del diagnóstico, la intensidad de los síntomas, su duración, la repercusión funcional, los tratamientos previos y las características de cada persona.
El objetivo no consiste simplemente en hacer desaparecer una sensación concreta, sino en reducir la activación ansiosa y romper los mecanismos que la mantienen.
¿Cuándo debería consultar?
Si los síntomas físicos de ansiedad aparecen de forma repetida, generan miedo, condicionan tus actividades o te llevan a evitar situaciones, puede ser útil realizar una valoración.
También si la preocupación por las propias sensaciones corporales ocupa una parte importante del día o necesitas buscar constantemente tranquilidad para sentirte seguro.
Y ante un síntoma físico nuevo, intenso o diferente de lo habitual, especialmente dolor torácico importante, dificultad respiratoria significativa, pérdida de conocimiento u otros síntomas potencialmente graves, no debe asumirse que se trata de ansiedad: es necesario realizar una valoración médica.
El cuerpo y la mente no funcionan por separado
A veces intentamos clasificar los síntomas en dos categorías: físicos o psicológicos.
Nuestro organismo no funciona así.
La ansiedad modifica respuestas corporales reales y, al mismo tiempo, lo que sentimos en el cuerpo modifica cómo interpretamos lo que está ocurriendo.
Entender esta relación suele ser mucho más útil que preguntarnos si un síntoma está “en la cabeza” o “en el cuerpo”.
Los síntomas físicos de ansiedad son reales. La cuestión importante es identificar qué los está produciendo y, a partir de ahí, decidir cuál es la mejor forma de abordarlos.