Una de las dudas más frecuentes entre las familias es cuándo acudir a un psiquiatra infantil. Muchas veces perciben que algo no va bien, pero les cuesta distinguir entre una etapa del desarrollo, una dificultad pasajera o un problema que merece una valoración especializada.
Es habitual que aparezcan preguntas como: «¿Estaremos exagerando?», «¿No será simplemente una fase?» o «¿Y si espero un poco más?». Al mismo tiempo, existe el miedo a etiquetar al niño o a pensar que acudir a un psiquiatra infantil implica necesariamente medicación o un diagnóstico.
La realidad es muy diferente. Acudir a un psiquiatra infantil tiene como objetivo comprender qué está ocurriendo, valorar el desarrollo del niño o adolescente y orientar a la familia sobre cuál es la mejor forma de ayudarle. En muchos casos, esa orientación consiste simplemente en ofrecer pautas, realizar un seguimiento o descartar que exista un trastorno.
En este artículo encontrarás las principales situaciones en las que merece la pena acudir a un psiquiatra infantil y qué puedes esperar de esa primera visita.
¿Qué hace un psiquiatra infantil?
El psiquiatra infantil es un médico especializado en la salud mental de niños y adolescentes. Su trabajo consiste en evaluar de forma integral el desarrollo, el comportamiento, las emociones y el funcionamiento del menor, teniendo en cuenta tanto sus características individuales como su entorno familiar, escolar y social.
A diferencia de lo que muchas personas creen, acudir a un psiquiatra infantil no significa que un niño vaya a recibir medicación. De hecho, una parte importante del trabajo consiste en realizar un diagnóstico adecuado, resolver dudas de las familias, coordinarse con otros profesionales cuando es necesario y diseñar el plan de tratamiento más adecuado para cada caso.
La medicación es solo una herramienta más y únicamente se plantea cuando está indicada y los beneficios esperados superan claramente los posibles riesgos.
¿Cuándo acudir a un psiquiatra infantil?
No existe una única señal que indique que ha llegado el momento de consultar. Lo más importante no es un síntoma aislado, sino cómo afecta al bienestar del niño, a su desarrollo y a su vida cotidiana.
Estas son algunas de las situaciones en las que suele ser recomendable acudir a un psiquiatra infantil:
1- Cambios importantes en el estado de ánimo
Es normal que todos los niños y adolescentes tengan días mejores y peores. Sin embargo, cuando aparece una tristeza persistente, una irritabilidad muy marcada, una pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban o un aislamiento progresivo durante varias semanas, conviene valorar qué está ocurriendo.
Estos cambios pueden estar relacionados con dificultades emocionales, situaciones de estrés o, en algunos casos, con un trastorno del estado de ánimo que requiere una evaluación especializada.
2- Ansiedad o miedos que interfieren en su vida diaria
El miedo forma parte del desarrollo normal. Es frecuente que los niños pequeños teman a la oscuridad, a los desconocidos o a separarse de sus padres en determinadas etapas.
El problema aparece cuando la ansiedad es tan intensa que limita su vida cotidiana: rechaza ir al colegio, evita actividades que antes disfrutaba, necesita una tranquilidad constante para separarse de sus cuidadores o presenta síntomas físicos frecuentes, como dolor de barriga, dolor de cabeza o vómitos, sin que exista una causa médica que los explique.
3- Problemas de conducta persistentes
Las rabietas, la oposición o los momentos de frustración también forman parte del desarrollo infantil. Lo importante no es que aparezcan, sino su intensidad, su frecuencia y el impacto que tienen en la vida familiar, escolar y social.
Cuando las dificultades de conducta son persistentes, aparecen agresiones, existe una impulsividad muy marcada o los conflictos son constantes en diferentes entornos, merece la pena realizar una valoración para comprender cuál es el origen del problema.
4- Dificultades en el colegio
El colegio suele ser uno de los primeros lugares donde se detecta que algo no está funcionando como debería.
Un descenso importante del rendimiento académico, problemas de atención, dificultades para organizarse, cambios llamativos en el comportamiento, conflictos repetidos con compañeros o profesores o un rechazo persistente a acudir al centro escolar pueden ser señales de que existe una dificultad que necesita ser estudiada.
5- Sospecha de TDAH, trastorno del espectro autista o altas capacidades
Cada vez es más frecuente que las familias acudan con dudas relacionadas con el neurodesarrollo.
En ocasiones son los propios padres quienes detectan diferencias respecto a otros niños de su edad. En otras, es el colegio quien plantea la posibilidad de que existan dificultades de atención, comunicación, aprendizaje o adaptación.
Una valoración especializada permite confirmar o descartar estas sospechas, comprender el perfil de fortalezas y dificultades del menor y orientar tanto a la familia como al centro educativo sobre las medidas que pueden resultar más beneficiosas.
6- Alteraciones importantes del sueño o de la alimentación
Dormir mal o comer peor durante unos días suele ser algo transitorio. Sin embargo, cuando las alteraciones del sueño o de la alimentación son persistentes, afectan al funcionamiento diario o se acompañan de otros cambios emocionales o conductuales, es recomendable consultar.
En algunos casos pueden constituir el primer signo de un problema emocional que conviene detectar de forma precoz.
7- Autolesiones, ideas de muerte o riesgo para sí mismo
Las autolesiones, las verbalizaciones relacionadas con la muerte o cualquier conducta que haga pensar en un riesgo para el propio menor requieren una valoración urgente.
Ante este tipo de situaciones no conviene esperar para comprobar si «se le pasa». Cuanto antes se evalúe el problema y se establezca un plan de actuación, mayores serán las posibilidades de intervenir de forma eficaz.
¿Qué ocurre en la primera consulta?
Muchas familias llegan a la primera visita con preocupación e incertidumbre. Algunas temen que su hijo reciba un diagnóstico demasiado rápido; otras piensan que saldrán de la consulta con un tratamiento farmacológico.
Sin embargo, el objetivo de la primera consulta es, ante todo, comprender qué está ocurriendo. Para ello, se recoge información sobre el motivo de consulta, el desarrollo del niño o adolescente, sus antecedentes médicos, el funcionamiento en casa y en el colegio, las relaciones sociales y cualquier otro aspecto que pueda ayudar a construir una visión global de la situación.
En ocasiones, una sola visita permite orientar el caso. En otras, es necesario ampliar la evaluación mediante entrevistas adicionales, cuestionarios específicos, información del centro educativo o pruebas diagnósticas. Cada niño es diferente y la valoración debe adaptarse a sus necesidades.
En resumen
No existe una única respuesta a la pregunta de cuándo acudir a un psiquiatra infantil. Lo importante no es esperar a que el problema sea muy grave, sino consultar cuando las dificultades empiezan a afectar al bienestar del niño o adolescente, a su desarrollo o a su vida cotidiana.
Solicitar una valoración no significa que exista un trastorno ni que vaya a ser necesario iniciar un tratamiento farmacológico. En muchas ocasiones, acudir a un psiquiatra infantil sirve para resolver dudas, ofrecer orientación a la familia, tranquilizar cuando el desarrollo es el esperado o detectar de forma precoz aquellas situaciones en las que una intervención puede marcar una diferencia importante.
Si después de leer este artículo sigues teniendo dudas sobre si ha llegado el momento de consultar, recuerda que pedir una valoración es, ante todo, una forma de comprender mejor lo que está ocurriendo y de tomar decisiones basadas en información y no en la incertidumbre.
Si tus dudas son acerca de cómo funcionan estas visitas, este artículo puede ayudarte; y si quieres saber la diferencia entre psicólogo y psiquiatra infantil, este es el tuyo.