Altas capacidades: cómo reconocerlas y cuándo realizar una evaluación

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Las altas capacidades despiertan muchas dudas entre las familias. Algunas consultan porque su hijo aprende a leer antes que sus compañeros, hace preguntas inusuales para su edad o muestra una curiosidad insaciable. Otras llegan a consulta por el motivo contrario: bajo rendimiento escolar, desmotivación, ansiedad o dificultades para relacionarse, sin sospechar que detrás de esos problemas puede existir un perfil de altas capacidades.

La realidad es que las altas capacidades van mucho más allá de obtener buenas notas o tener un cociente intelectual elevado. Cada niño presenta un perfil único y, en ocasiones, sus fortalezas conviven con dificultades emocionales, sociales o del neurodesarrollo que pueden pasar desapercibidas durante años.

Comprender qué son realmente las altas capacidades permite identificar las necesidades de cada niño y ofrecer los apoyos adecuados, tanto en el ámbito familiar como en el educativo.

¿Qué son las altas capacidades?

Las altas capacidades hacen referencia a un funcionamiento intelectual significativamente superior a la media, acompañado de una forma particular de aprender, razonar y procesar la información.

Aunque muchas personas utilizan términos como superdotado o niño genio como si fueran sinónimos, la realidad es bastante más compleja.

Bajo el concepto de altas capacidades pueden encontrarse perfiles muy diferentes. Algunos niños presentan un rendimiento elevado en prácticamente todas las áreas cognitivas, mientras que otros destacan de forma muy marcada en ámbitos concretos como el razonamiento matemático, el lenguaje, la creatividad o la capacidad espacial.

Por este motivo, hablar de altas capacidades resulta más adecuado que utilizar etiquetas simplificadas que no reflejan la enorme diversidad existente.

Altas capacidades no significa lo mismo que sacar buenas notas

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que todos los niños con altas capacidades obtienen excelentes resultados académicos.

No siempre es así.

Algunos disfrutan enormemente aprendiendo y mantienen un rendimiento brillante durante toda su escolaridad. Sin embargo, otros se aburren en clase, pierden la motivación, dejan de esforzarse o incluso terminan suspendiendo asignaturas.

El rendimiento escolar depende de muchos factores además de la capacidad intelectual: la motivación, el entorno educativo, la salud mental, la presencia de trastornos asociados o el grado de adaptación que encuentre el niño en su colegio.

Por eso, las notas, por sí solas, no permiten confirmar ni descartar unas altas capacidades.

¿Cuáles son las señales de altas capacidades?

No existe un único perfil, cada niño desarrolla sus capacidades de una manera diferente y ninguna característica, por sí sola, confirma que existan altas capacidades.

Sin embargo, algunas señales aparecen con frecuencia son:

Curiosidad intensa

Muchos niños muestran un deseo constante por comprender cómo funciona el mundo y no se conforman con respuestas sencillas, suelen formular preguntas complejas sobre temas muy variados y a menudo quieren conocer el porqué de las cosas más que memorizar datos.

Aprendizaje muy rápido

Es habitual que necesiten pocas repeticiones para adquirir conocimientos nuevos. Pueden comprender conceptos con facilidad, establecer relaciones entre ideas aparentemente diferentes y generalizar lo aprendido a situaciones nuevas.

Gran capacidad de razonamiento

Algunos sorprenden por la profundidad de sus reflexiones, por cómo relacionan acontecimientos, encuentran soluciones originales a los problemas y disfrutan analizando situaciones desde distintos puntos de vista.

Memoria llamativa

No todos presentan una memoria extraordinaria, pero muchos recuerdan conversaciones, datos o acontecimientos con gran precisión incluso después de mucho tiempo.

Vocabulario avanzado

En algunos niños aparece un lenguaje especialmente rico para su edad: utilizan palabras poco habituales, muestran interés por significados complejos o disfrutan manteniendo conversaciones con adultos.

Intereses muy intensos

Cuando un tema despierta su interés pueden dedicarle una enorme cantidad de tiempo y energía. Lo característico no es tanto el contenido del interés como la intensidad con la que lo viven y la profundidad con la que desean comprenderlo.

Lo que muchas familias no esperan

Existe la idea de que un niño con altas capacidades siempre disfrutará del colegio y tendrá una trayectoria académica brillante.

Sin embargo, la realidad puede ser muy diferente.

Algunos niños experimentan:

  • aburrimiento constante;
  • desmotivación;
  • frustración;
  • ansiedad;
  • perfeccionismo;
  • baja autoestima;
  • rechazo escolar.

En ocasiones, estas dificultades son precisamente el motivo que lleva a la familia a solicitar una evaluación.

El desarrollo no siempre es uniforme

Uno de los conceptos más importantes para comprender las altas capacidades es el desarrollo asincrónico: esto significa que distintas áreas del desarrollo pueden avanzar a ritmos diferentes.

Por ejemplo, un niño puede tener un razonamiento propio de edades superiores y, al mismo tiempo, reaccionar emocionalmente como cualquier otro niño de su edad.

También puede comprender conceptos muy complejos, pero frustrarse enormemente cuando algo no sale como esperaba.

Esta diferencia entre desarrollo cognitivo y desarrollo emocional explica muchas situaciones que las familias encuentran difíciles de entender.

¿Qué es la doble excepcionalidad?

En algunos casos, las altas capacidades coexisten con otros trastornos del neurodesarrollo o de salud mental.

Esta situación se conoce como doble excepcionalidad.

Algunas combinaciones relativamente frecuentes incluyen:

  • trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH);
  • trastorno del espectro autista (TEA);
  • trastornos específicos del aprendizaje;
  • ansiedad;
  • trastornos obsesivo-compulsivos.

La presencia de uno de estos trastornos puede dificultar el reconocimiento de las altas capacidades y, al mismo tiempo, las altas capacidades pueden enmascarar parcialmente otras dificultades.

¿Cuándo conviene realizar una evaluación?

No existe una edad concreta a partir de la cual todos los niños deban ser evaluados por sospecha de altas capacidades.

Tampoco es recomendable solicitar una valoración únicamente porque un niño obtenga buenas calificaciones o muestre interés por aprender.

Sin embargo, puede ser conveniente consultar cuando existen dudas razonables sobre su desarrollo o cuando aparecen dificultades que no terminan de explicarse por otros motivos.

Algunas situaciones en las que merece la pena realizar una evaluación son:

  • un aprendizaje claramente más rápido que el de sus compañeros;
  • un desfase importante entre su capacidad intelectual y su rendimiento escolar;
  • aburrimiento o desmotivación persistentes en clase;
  • problemas de adaptación escolar;
  • ansiedad o perfeccionismo que interfieren en su bienestar;
  • sospecha de doble excepcionalidad.

Una valoración especializada permite comprender el perfil de funcionamiento del niño y determinar si realmente presenta altas capacidades o si existe otra explicación para las dificultades observadas.

¿Cómo se evalúan las altas capacidades?

Uno de los errores más frecuentes es pensar que basta con realizar un único test de inteligencia para confirmar o descartar unas altas capacidades.

La realidad es mucho más compleja.

Una evaluación rigurosa debe integrar diferentes fuentes de información para comprender cómo aprende el niño, cuáles son sus fortalezas y qué dificultades pueden estar interfiriendo en su desarrollo.

Habitualmente la valoración incluye:

  • una entrevista clínica con la familia;
  • la historia del desarrollo;
  • información aportada por el colegio cuando resulta pertinente;
  • pruebas cognitivas estandarizadas, como el WISC-V en aquellos casos en los que están indicadas;
  • la valoración del funcionamiento emocional y conductual;
  • el estudio de posibles trastornos asociados.

El objetivo de la evaluación no es poner una etiqueta, sino comprender el funcionamiento global del niño para ofrecer las recomendaciones más adecuadas.

El Ministerio de Educación dispone de documentación específica sobre la identificación y respuesta educativa del alumnado con altas capacidades intelectuales, que puede ser de utilidad para familias y profesionales.

¿Qué ocurre después del diagnóstico?

Confirmar unas altas capacidades no implica que todos los niños necesiten las mismas medidas educativas.

Las necesidades varían enormemente de una persona a otra.

Algunos únicamente precisarán pequeñas adaptaciones metodológicas dentro del aula.

Otros podrán beneficiarse de programas de enriquecimiento curricular, flexibilización educativa o apoyos específicos.

En aquellos casos en los que existan trastornos asociados, también será importante abordar esas dificultades de forma individualizada.

La finalidad de la evaluación no consiste en obtener una etiqueta, sino en facilitar que cada niño pueda desarrollar su potencial en un entorno ajustado a sus necesidades.

Lo más importante no es el cociente intelectual

Con frecuencia las familias preguntan cuál es el CI necesario para considerar que un niño tiene altas capacidades.

Aunque las pruebas cognitivas aportan información muy valiosa, centrarse exclusivamente en una cifra puede llevar a conclusiones erróneas.

Dos niños con un cociente intelectual similar pueden presentar perfiles completamente distintos.

Por ello, la interpretación de los resultados siempre debe realizarse dentro de una evaluación clínica y psicopedagógica completa.

En resumen

Las altas capacidades no significan simplemente aprender más rápido o sacar mejores notas.

Se trata de una forma particular de procesar la información y de relacionarse con el aprendizaje que puede manifestarse de maneras muy diferentes en cada niño.

Algunos desarrollarán todo su potencial sin grandes dificultades, mientras que otros necesitarán apoyos específicos para evitar problemas emocionales, sociales o escolares.

Cuando existen dudas razonables, una evaluación especializada permite comprender mejor las fortalezas y necesidades de cada niño y orientar a la familia y al centro educativo sobre las medidas más adecuadas.

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Psiquiatra clínica en Zaragoza con especialización en salud mental infantil, adolescente, familiar y perinatal.

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